Las de Octubre

Domingo, octubre 28, 2007

lune

La Promesa

La gente grita y corre. Es imposible llegar a su destino sin ser golpeado, empujado o en el mejor de los casos insultado. Todo se ha ido descomponiendo; el calor del día es insoportable, y por las noches, esa brisa que llega de todas partes es asfixiante. ¿Quién diría que el fin del mundo sería tan típicamente hollywoodense?. Todo está trastornado, el toque de queda está a punto de comenzar y ya es imposible pensar en pasar por el bar un instante.

– ¡Diablos! ¿Por qué tenía que suceder esto ahora? – pensó el tipo mientras subía la escalera.

Mientras la noche pasaba, él solo atinaba a subir pesadamente cada escalón. En el último instante antes de abrir la puerta miró su reloj. Nada. La fuerza gravitacional de la luna que poco a poco caía hacia la tierra había detenido el tiempo, o al menos los mecanismos que lo medían.

Después de que por fin había decidido dejar a su esposa por aquella secretaria de exóticas facciones, tenía que suceder que el satélite terrestre había perdido su órbita y estaba por terminar la vida en el planeta.

Al cruzar por fin la puerta, la encontró tirada a media sala ahogada en llanto.

– ¿Lo ves? – le dijo serenamente – yo siempre cumplo; ¿no te prometí hace 20 años que te bajaría la luna y las estrellas?


Testigo

La luna me vigila, la veo desde tus ojos. Son como dos lunas, una en cada pupila; dos testigos de nuestro amor.
A cada impulso siento que te amo y a cada respiro siento que eres más mía.
Estoy a punto de llorar y es solo por ti y por esas lunas que se reflejan en tu mirada, que poco a poco se va quedando vacía.
Te hago el amor como un loco; una y otra vez hasta que no queda en mi una gota de hombría.
Quiero escuchar tu corazón latiendo al mismo ritmo frenético que el mío, pero es inútil; hace más de media hora que estas tan fría.
Y solo la luna sabrá que tuve que asesinarte para hacerte mía.