Se me perdió en el mar…

Sábado, junio 30, 2007

ponce19jun2007.jpgEra de noche, el trayecto del aeropuerto al hotel se hizo mil veces más agradable al ir manejando un Mercedes color champagne; curioso que los lujos no conocidos antes causen tanto gusto. Y curioso encontrar un auto de un color tan peculiar.

Pronto llegamos al majestuoso hotel, ¡vaya que era impresionante!; por todos lados se apreciaban muros de color anaranjado que resaltaban aún en la oscuridad. Bajamos las cuatro para instalarnos y esperar al siguiente día la boda a la que habíamos sido invitadas; mi abuela, mi madre, mi hermana y yo, tres generaciones que a excepción de eventos familiares, no se habían reunido en un lugar tan lejano.

Justo estabamos por ir a nuestra habitación cuando atravesamos los jardines donde se celebraría la boda; ¡vaya que los novios habían invertido en tan elegante evento!. Todo habría sido perfecto de no ser porque las olas reventaban demasiado cerca de la barda que nos separaba, el mar parecía furioso de no haber sido invitado.

Mi abuela había decidido ir al baño dentro del edificio circular de color anaranjado que estaba cerca del mar. Todo sucedió muy rápido; el molesto mar rompió la barda; mesas, sillas y todo artefacto que se ponía en su camino era arrastrado. Incluso el jardín era arrancado del suelo a su paso. Lo único que alcancé a ver fue a mi abuela a través de una ventana secándose las manos; aquel edificio ahora se veía más lejano, por algún extraño motivo elevado y rodeado por agua.

Mi madre estaba angustiada de no encontrar a su madre, la encomendé con mi hermana mientras me disponía a cruzar el sendero de agua e ir a buscarle. Por algún motivo no me extrañó que mi hermana fuera una total desconocida para mi. Nadé como no había nadado en años, contra la corriente y soportando el dolor en mis atrofiados brazos; al mismo tiempo veía a un grupo de gente sobre el edificio alejado, entre ellos mi abuela; todos lucían tranquilos y solo parecían contemplar el mar y la gente cada vez más lejana al otro lado; pero cosa curiosa, todos cargaban cámaras fotográficas.

Cuando llegué a la orilla del edificio vi a mi abuela en la parte superior, estaba tranquila y sonreía pero a la vez parecía tener prisa por irse; le grité que me esperara que no saltara y que yo le ayudaría a regresar. De algún modo logré trepar al edificio mientras a mis espaldas caía gente desde lo más alto del mismo directo al mar, solo se oía el crujir del agua al recibir a los caídos. Una vez que llegué a lo más alto solo vi a la misma gente asomada y viendo a lo lejos con sus cámaras fotográficas; pero ella ya no estaba. Busqué por todos lados, voltee rostros para reconocerla, para encontrarla, pregunté a otras personas sobre su paradero y nadie parecía saber de ella. Mis temores crecieron cuando pasó por mi mente que se había arrojado al mar a mi encuentro. Enseguida comencé a examinar las aguas debajo de donde estaba; había gente flotando en ellas pero todas esas personas eran desconocidas, ninguna de ellas era mi abuela… y todas sostenían una cámara.

En ese momento llegó a mi mente la frase que me dolió en lo más profundo: “ella ya está muerta”. Fue entonces cuando recordé que la neumonía me la arrancó el 19 de noviembre pasado, cuando me di cuenta que estaba soñando, que mi madre duerme en su cama y que ninguna de mis hermanas era la mujer con quien había hablado. Fue entonces que mis lagrimas me despertaron y me regresaron a mi cuarto.

Se que aún no se cumple un año, que la herida aún es reciente, pero no logro aceptarlo. Sigo llamando a su casa como “la casa de mi abuela”, supongo que es costumbre, o quizá el siemple deseo de que si toco a la puerta, ella saldrá a recibirme. No he regresado ahí desde el último rosario, la misa del primer mes.

Sigo llorando; supongo que no es algo que termine tan pronto; quizá eventualmente deje de doler. Solo se que se la llevó el mar hace un rato mientras dormía; odio las metáforas.

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Lo mismo pero más barato…

Domingo, junio 3, 2007

Hace algún tuve la “fortuna” de ser invitada a una de las muy exclusivas reuniones en casa de la jefa; toda una noche rodeada con la “crema y nata” de los biólogos, químicos, nutriólogos y médicos de la oficina (aunque la gran mayoría somos como requesón de pueblo). Esa fue la primera reunión de gente del área biológica a la que asistí y realmente es jocoso ver como se comporta la fauna según el área académica o laboral en que se desenvuelven.

Recuerdo las reuniones a las que asistí cuando trabajaba de webONAmaster en tres distintas empresas. La fauna mayormente eran ingenieros en sistemas, licenciados en informatica o diseñadores trágicos… y alguno que otro despistado de áreas que no tenían nada que ver.

El común denominador de las reuniones de “gente de sistemas” y “gente de biológicas” es la gran cantidad de alcohol que corre por esos eventos. Pareciera que las reuniones estudiantiles se prolongaran por varios años y no hubiera otra cosa que ponerse como araña a la menor provocación. Lo diferente es que en las reuniones de sistemas lo que corre brutalmente es la cerveza, seguida por vinos tintos o blancos y el whisky y en las de biológicas lo que abunda es el tequila, rones y brandys. Eso si, en ambas el invitado de honor siempre será el vodka, combinado de diversas maneras, particularmente “suavizándolo” con sprite cero.

Respecto a música y ambiente estas si son claramente diferenciables. Las reuniones de gente dedicada a la red son más “artísticas” y alternativas, mientras que las de biológicas son más pegándole al adulto extemporáneo, al lado guapachoso o simplemente a la memoria de épocas pasadas. Mientras en unas reuniones es común escuchar diversas opciones desde Pulp, Depeche Mode, Rolling Stones o Morcheeba, en las otras no faltará una extensa dosis de trova, Francisco Cespedes o un recopilatorio de Timbiriche que es ampliamente coreado por la concurrencia. Claro que siempre existirán las excepciones, por lo que nunca faltará el diseñador que trae en su coche un disco de Fernando Delgadillo o un químico que trae a James LaBrie en su Ipod.

La comida es a la vez tan disímbola; mientras que por un lado se hacen listas de invitados con el respectivo platillo, postre o especialidad gourmet que llevará a dicho evento, por el otro estan las reuniones en las que lo importante es ver quien lleva alcohol y ya en el calor del evento armar la vaca para pedir pizzas, ir por unas bolsas de papas o poner a la mamá de alguien a preparar sandwiches (sí, algunos aún viven y se mantienen de sus progenitores pero ese tema lo tocaré en otra ocasión).

Quizá lo que es más similar en ambos grupos de personajes son las conversaciones; los temas siempre recurrentes serán hablar mal del ausente, recordar victorias pasadas o hablar de temas sexuales. La diferencia que se podría notar es que mientras los de biológicas se refieren a asuntos sexuales con eufemismos dignos de un salón de clases de primaria de paga, los inges se refieren a los mismos temas con la rudeza y sutilieza de un salón de clases de secundaria pública de uniforme verde.

No se porque ahora que lo analizo, creo que toda la vida he trabajado al lado de puros borrachos, con mal gusto musical y que tienen una fijación malsana con el viboreo y el sexo. Con razón me han contratado!!!